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Caín y Abel

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Caín y Abel

Mensaje por Garcie Kurkova el Miér Abr 07, 2010 2:23 pm

Levana Kurkova; la hermana mayor. La perfecta siempre sin errores, la que se fija siempre sus metas, la que es hermosa, la que es más responsable, la que tiene más autoridad después de la muerte de nuestros padres, la consentida de mi madre, la que todo le salía bien. Seria en sus asuntos, la que se iba a ser responsable de mí.

Garcie Kurkova; hermana menor de los Kurkova, la hija consentida de papá, la más egoísta, la que era igual a su madre, la que tenía los ojos del padre, la que siempre vivía en su rosa mundo, la inmadura, más egoista que Levana, viendo mucho por su bien, la curiosa, la interpelada en asuntos importantes, la que siempre demanda grandes cosas.

Asi eran descritas las dos hermanas.

Las dos hermanas Kurkova; de sangre real de las hadas, eran muy diferentes una de la otra. Levana y Garcie siempre serían rivales, pero lo que las dos tenían por igual era su gran defecto y su más perfecto atributo; el orgullo.
Maldito orgullo que era el que siempre me salvaba.

Pues yo era esa hermana pequeña; aquella a la que Levana aplacaba con sus atributos, aquella a la que siempre iba a competir.
El rencor era grande entre Levana y yo. Al ser pequeñas las dos, divididas solo por tres años más de vida, siempre había sido menospreciada sin razón por mi madre.
La familia Kurkova siempre había sido un campo de guerra. No sabía el porqué de mis padres a tan afición de hacer siempre lo mismo; Levana siempre querida por mi madre, y yo siempre querida por mi padre. Asi me había dicho la reina Seelie, en uno de esos días de penumbras bajo el miedo del tan temido Valentine.
No sabía si asi se lo habían contado a mi hermana, pero había cierto remordimiento desde que la reina me lo había contado de ese modo tan frío y crudo de decir las cosas.

Caín y Abel...vaya similitud había entre nuestra historia y la suya. Más había algo que sobraba; el amor que le tenía a mi hermana.
Garcie era mi única hermana, mi única familia aún viva y por más que le tuviera rencor, la amaba.

Entré a su Loft, era igualito al mio en cuanto dimensiones. Lo único diferente era la manera en adornar; el mío, siempre era rosa o azul y siempre estaba algo desordenado, pero su interior era frío, tal como era el mío mismo.. El de Levana era ordenado y seco, con colores pálidos y oscuros.
Al cerrar la puerta un chirrido alertó mi llegada. Puse mi mejor sonrisa, y apretujé la flor-siempre llevaba una flor en las manos- rosa que estaba en mi mano derecha.
-Levana.

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Re: Caín y Abel

Mensaje por Levana Kurkova el Jue Abr 08, 2010 1:26 am

Ser un hada era increíble. Ser increiblemente hermosa, elegante, encantadora y arrogante. Conseguir siempre lo que querías, saber lo que deseaban los demás y poder manipularlos con eso. Era fántastico.
Ser un hada de La Corte Seelie era aún más increíble. Ser la realeza de nuestro mundo, la elegancia natural de nosotros verse convertido en arte. Nos veíamos delicadas siempre, nuestros movimientos, nuestra forma de hablar. Pero eramos fuertes como rocas, secas, duras. Conseguir ser como nosotras era todo un reto.
Ser parte de la familia Kurkova, era increíble y a la vez interesante. Las niñas hadas que sobrevivieron a Valentine. Ser una sensación en nuestro mundo, en donde fuera que estuvieramos. Las Kurkova eramos especiales. La elegancia que venía en nuestra sangre era infinita, la delicadeza de nuestros movimientos, la dulzura de nuestro rostro. Ser una Kurkova significaba guerra, luchar por lo que te importa, nunca rendirte.
Ser Levana Kurkova, era aún más complicado, increíble e interesante. Al perder a mis padres a los siente años de edad, me convertí en la mayor de los Kurkova. La que tenía que hacerse cargo de la pequeña Garcie, la que tuvo que cargar toda esa responsabilidad desde pequeña para que el nombre de su familia no desapareciera por completo. Ser Levana consistía en demostrar confianza, seguridad y fuerza en todo momento, sin dejarse ver debil un segundo, en ningun momento, en ningun lugar. Ser Levana implicaba tragarte tus sentimientos, no dejar que nadie los descubriera, que nadie los observara detalladamente. Esconder la verdadera persona que se encontraba en el interior, oprimida por el orgullo. El orgullo que venía junto con todo mi nombre. El orgullo que compartía con mí hermana y nos hacía tan parecidas.

La Reina nos había contado la historia de nuestros padres, como había sido que ellos había muerto y Garcie y yo habíamos perdido la memoria. Me sentía orgullosa de mis padres al saber que, al menos, habían intentado enfrentar a Valentine solos, intentando salvar nuestras vidas.
La Reina siempre me dijo que fui la favorita de mi madre, siempre querida y protegida por ella. Por su cariño. Garcie siempre querida y protegida por mi padre. Vaya que nuestra familia era extraña, siempre era guerra.
Desde que perdimos a nuestros padres me sentí obligada a cuidar a Garcie, amarla y protegerla como lo había hecho mi padre, hacerla sentir como se había sentido esos cinco años, aunque no pudieramos recordarlo. Yo amaba a mi hermana, era la única persona que veía verdaderamente como mi familia, con cariño, respeto y amor.

Estando en el Loft, jugando con unas cuantas florecillas que entraban por la ventana, escuché como la puerta se abría. Me di la vuelta, dirigiendome hacia la entrada con la gracia única de los Kurkova. Me encontré con mi hermana, Garcie, con su perfecta sonrisa parada frente a la puerta, llevaba en la mano una flor como siempre.
Me acerqué a ella y le bese ambas mejillas, como estaba acostumbrada a besar solo a mi hermana, un gesto de cariño que le tenía solo a ella.

- Garcie, hermosa.- la saludé con dulzura, viendole el rostro, perfecto como tenía que ser. - ¿Que te trae por aqui?

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Re: Caín y Abel

Mensaje por Garcie Kurkova el Jue Abr 08, 2010 6:40 pm

Levana se acercó a mí con aquella aura de superioridad que siempre la rodeaba. Su sonrisa llena de dulzura empalagante era pegajosa y sus ojos azules entraban hasta el alma.
Besó ambas de mis mejillas, dejando un olor intenso de lavanda, el olor de Levana.
Cuando me habló su voz era tan empalagosa y deliciosa como su sonrisa, jamás le podrías dar un no a Levana, de eso estaba segura. Pero bueno...quizá con un poco de práctica podrías esquivar un poco.

Con mis ágiles manos de hada hice un arreglo. Utilicé la flor rosay la entrelacé haciendo que tomara forma de una estrella. Sonreí con intensa satisfacción y coloqué el arreglo en las hojas del vestido de Levana.

-La reina Seelie no está- Mi sonrisa desapareció por un momento y puse cara de súplica.- Deberíamos de salir a...Nueva York quizá. Me han dicho que hay ópera ésta noche.- una sonrisa picarona reemplazó mi mueca- ¿No te gustaría canntar en ella? O quizá bailar.- Dije soncarrona, tratando de convencerla.

Mi atributo a las artes era un poco mayor que la de Levana; Levana era la genio de la familia, yo era la artística por así decirlo. Amaba bailar con majestuosidad y tentar a los mundanos de seguir mis inmortales pasos al son de la música más hermosa que jamás alguien pudiera escuchar.
Con lo que tocaran mis manos se convertía en una cosa nueva; tal el ejemplo del arreglo que acababa de hacer.
Y cantar era lo que me gustaba mucho más hacer; mostrar mi voz al mundo me hacía sentir viva...aunque nunca sentiría que es morir...A menos de...

Mis pensamientos habían ido demasiado lejos y habían tomado el camino cruel; la muerte de mis padres.
Mi rostro se oscureció y me entraron unas terribles ganas de llorar.
Apreté los labios y con sólo estirar el brazo; mi mano tomó una flor hermosa, la flor de los subterraneos; una hermosa flor de azul marino con brillo dorado.
La apreté contra mi pecho y miré a Levana.
No pude evitar ir a ella y rodearla con un abrazo.
-Oh Levana...Cómo quisiera recordar. Cómo quisiera sentir que conocí en verdad a mis padres.

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Re: Caín y Abel

Mensaje por Levana Kurkova el Vie Abr 16, 2010 10:26 pm

Al ver a Garcie, noté que había cambiado mucho. Todavía podía recordarla cuando era pequeña, caminando por la Corte con su floresilla en la mano, saliendo con todas sus locas ideas de salir de la Corte Seelie ya que la reina no estaba y conocer el mundo como mundanas.
Sonreí un poco ante en recuerdo de mi pequeña hermana, por una parte extrañando esos momentos. Garcie había crecido y había cambiado mucho, y el puro recuerdo invisible de mis padres siendo una niña se había esfumado.

Las locas ideas de Garcie no habían desaparecido por completa, seguía queriendo salir a las calles de Nueva York para pasar un momento con los mundanos.

- Opera.- repetí con una dulce sonrisa en el rostro. Garcie era tan artistica, siempre lo había sido. Todo lo que creaba con sus manos, tan solo con una pequeña floresilla desde que era tan pequeña, sus movimientos al bailar, su voz al cantar.
Hacía mucho tiempo que no salía de la corte, y no pasaba un tiempo con mi hermana. Pero salir, en estos momentos, no me convencía del todo. La reina no estaba, y eso hizo que mi cabeza comenzara a dar bruscas vueltas de porque no se encontraba aqui.

- Podría ser buena idea.- dije despues de unos minutos, aún con la cabeza dando vueltas. Garcie era así, haría siempre lo posible para poder conseguir lo que quería... al igual que yo.
Le sonreí con algo de diversión en mi sonrisa, y un poco de emoción en la mirada ya que despues de tanto tiempo, saldría con Garcie. Una noche solo de Kurkovas.

El rostro de Garcie cambio por completo, y pronto supé porque.
El no poder recordar nada nos afectaba mucho a ambas, otra cosa que quizas teníamos en común. El dolor de no poder tener un recuerdo.
Se acercó a mi y me rodeo con un abrazo. En seguida mis brazos la rodearon. Ese sentido sobreprotector hacía ella que había aparecido inexplicablemente siempre aumentaba cuando la veía asi. Porque, yo podía estarme rompiendo por dentro de dolor, podía llorar a mares en mi interior, pero Garcie no podía verme asi. Era fuerte, contenía todo por dos simples razones. La primera era el orgullo, el maldito orgullo que algunas veces me salvaba y en otras sentía que me mataba a sangre fría. La segunda era mi hermana, Garcie no podía verme débil, porque si ella se ponía asi, yo era la que tenía que consolarla, mostrarle seguridad, hacerla saber que aunque eso estaba perdido, lo demas podíamos ganarlo.
- Te entiendo hermosa, lo se. - quedé en silencio un momento, pasando mi mano por su cabello. No sabía que decirle ya, no encontraba palabras de aliento. Busque en cada rincon de mi mente, buscando que palabras podía usar para consolarla, pero me encontraba con mis ganas de llorar y salir corriendo de este estilo de vida.
Me quedé en silencio y la rodee con mis brazos un poco más fuerte, intentando darle mi apollo y hacerla saber que aunque mis padres no estaba yo estaba aqui, e intentando darme apollo a mi misma, sabiendo que aún tenía a mi hermana, mi sangre, conmigo.

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Re: Caín y Abel

Mensaje por Garcie Kurkova el Mar Abr 27, 2010 12:11 pm

Quería llorar a mares, pero mis ojos no querían reaccionar a como sería debido.
Muchos sentimientos encontrados enredaron mi cabeza; un enojo sorprendete hacia mí misma, un amor aferrado hacia mi hermana, una terrible nostalgia hacia una vida que no recordaba, un fuerte rencor hacia aquél que me había quitado todo lo que yo era y un sentimiento de no saber en verdad quien era yo, pérdida de identidad...
Al abrazare de Levana mis miedos se iban al instante, sabiendo que ella estaría para mi si la necesitaba, haciéndome sentir segura en sus brazos y al mismo tiempo recordándome que mi sangre era la suya y que las Kurkova siempre contarían la una de la otra.
Una característica de nosotras era la intensidad con la que nuestro lazo se unía; una no podía vivir sin la otra y que las dos compartíamos la misma confusión, los mismos deseos, la misma vivienda, los mismos sueños, las mismas risas...
Cerré los ojos, tratando de borrar aquella mezcla de sentimientos que amenazaban con derrumbarme y traté de sostener aquellos que me mantenían a la deriba de mi propio mar.
Sonreí con ligeresa, un poco más calmada en mi interior y pasé una mano por mi rostro, sorprendeida al ver que lo que tenía en la llema de los dedos eran lágrimas. Lágrimas de hada.
Me separé de ella con lentitud y con cuidado, y sostuve su mano entre las mías, agradeciendo tenerla ahí para mí. Le sonreí a ella, transmitiendole justo lo que sentía por medio de ella y de mis ojos; otra característica Kurkova.
-Entonces-dije tratando de retomar el tema de conversación y evitándo volver a caer en aquél ridiculo agujero- ¿Iremos a Nueva York?- mis ojos la miraron suplicante, esa cara que siempre yo hacía desde pequeña siempre convencía a Levana.
Pero ella no parecía muy convencida desde lo último que había pasado y que nos habían regañado por mi culpa.
La última vez que salí sin permiso y sola había cometido imprudencias que solo la reina Seelie sabía y que Levana aún no conocía. Un leve rubor me iluminó las mejillas al recordar los regaños y cerré la boca hasta convertirla en una fina linea rosa.
-Prometo no hacer tonteriasSolté una risita entre nerviosa y traviesa.-Sabes que las hadas nunca mienten, hermanita
Mi tono de voz era angelical.

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Re: Caín y Abel

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